INDIGNACIÓN
En estas fechas se está conmemorando el primer aniversario del Movimiento 15-M, que viene a decirle a nuestra sociedad que se necesita un profundo cambio en las formas de gestionar la democracia y la economía.
Una democracia representativa que no ha sido capaz de acoger en su seno la opinión de muchas personas, ni de defender sus intereses, pues se ha encorsetado estrictamente en los muros parlamentarios, sin escuchar a la calle. Estamos viendo como las manifestaciones o las concentraciones pacíficas de protesta, saltan las alarmas de algunos gobernantes que repudian esta forma de participar reconocida en nuestra Constitución, criminalizando a sus convocantes o demonizando a sus integrantes.
Y una capacidad de gestionar la economía que se le ha hurtado a los Estados nacionales, para dársela a los gurús tecnócratas de los Bancos Centrales alemán y europeo, imbuidos en un halo de independencia falsa que realmente significa puro liberalismo económico y, que al fin, solo sirven a los grandes fondos de inversión privados, a las grandes empresas multinacionales, a los grandes grupos financieros, etc. dejando en las cunetas de nuestros países innumerables parados y paradas con un futuro incierto de trabajo precario y mal pagado.
Una gestión de la economía pensada en disminuir lo público a la mínima expresión y en conducir las condiciones sociales y laborales de la ciudadanía hacia un modelo chino, pero con productos mucho más caros. Una política económica pensada casi únicamente en detraer riqueza a la ciudadanía en general, para trasvasarla a un pequeño porcentaje de la población que se está haciendo cada vez más inmensamente rica, guardando sus dineros en paraísos fiscales para no pagar impuestos. Una política económica que premia la deslocalización de los centros de trabajo a países del tercer mundo, dejando aquí solo las marcas registradas y destrucción de empleo.
Por ello este movimiento 15-M sigue vigente; más bien habría que decir que cada vez tiene más razones para su movilización, pues de un año acá, las cosas no solo no han mejorado, si no que las desigualdades, el paro, la intolerancia gubernamental y la incompetencia de los políticos gubernativos, han crecido exponencialmente.
En estas fechas también se celebra el aniversario de aquellas elecciones municipales y autonómicas, que cambió el mapa político español del rosa desteñido del partido social-liberal español, al azul gaviota de los neoliberales puros, en eso que se llamó la oleada o el tsunami del PP y que luego se tradujo en noviembre en una gran victoria de Rajoy, que se alzó con el gobierno español, y de la que ya más de uno se está arrepintiendo.
Unos cambios en el panorama político que no ha traído más que desgracias, recortes, paro, etc... y al que la población asiste indignada. Estos “derechones”, que vinieron a salvar al mundo de las fechorías sociatas, nos han subido los impuestos, mandan policías a tutiplén a las manifestaciones o a las concentraciones de los jóvenes estudiantiles- el enemigo-, nos han traído el famoso despido libre a la americana, nos quieren subir el IVA, han pulverizado el récord de los puntos de la deuda soberana, nos han recortado la sanidad y la educación pública, y el paro, por el contrario, nos lo han repuntado al alza.
Para guinda lo de Bankia, donde sus presidentes “peperos” han llevado a cabo una gestión nefasta, haciendo perder a esta entidad financiera privatizada miles de millones de euros, que ahora De Guindos les pagará de nuestros impuestos. Y encima se van de rositas sin que nadie dé explicaciones, sin que nadie devuelva un duro, sin que ninguno de estos gestores vaya a la cárcel; todo lo contrario, al Rato hay que darle una indemnización de 1,2 millones de euros por lo bien que lo ha hecho. Unos gestores que no hace más de un mes se han repartido pingues beneficios, ante un desolador panorama de inhumanos desahucios, ejecutados por estos mismos directivos.
Por eso el movimiento de los indignados sigue vigente, hoy aún más que hace un año, y sus reclamaciones son aún más legítimas hoy, que en el pasado. Sólo pediría que desde la indignación se pasara a la rebelión, pacífica por supuesto, para cambiar las cosas y mandar al capitalismo salvaje al carajo y a sus mandamases a la penitencia de los chorizos juzgados.
